Numerosos trabajos han confirmado la estructura en cuasiespecies de
virus ARN de animales y plantas. Nuestro grupo de Madrid ha investigado durante los últimos quince años la
naturaleza en cuasiespecies del virus de la
fiebre aftosa y sus implicaciones biológicas, en particular el proceso de
diversificación antigénica. Paralelamente, el grupo de J.J.
Holland en La Jolla abordó
estudios de genética
del virus de la
estomatitis vesicular con conclusiones muy parecidas a las nuestras, a pesar de tratarse de virus con estructura, organización genética y ciclos de replicación muy diferentes.
Los
nuevos conceptos sobre genética de
ARN derivados de éstos y otros muchos estudios han sido resumidos en varios artículos en los que se han comparado
distintos sistemas virales y se han analizado diversas
implicaciones biológicas de la estructura en cuasiespecies de los virus ARN.
En el caso extremo de que el
virus dependiese de una
única secuencia de nucleótidos para ser funcional, cualquier
mutación sería
letal y la secuencia inicial se mantendría invariable. Las cuasiespecies como tales serían difícilmente identificables ya que los espectros de mutantes consistirían a lo sumo en genomas defectivos, no infecciosos que sólo podrían alcanzar concentraciones medibles por complementación, en el caso de que pudieran replicarse eficazmente con la maquinaria enzimática proporcionada por el virus infeccioso. En el otro caso extremo, e igualmente inverosímil, de que cualquier
mutación fuese estrictamente
neutral, y por tanto perfectamente tolerada, la identidad de
secuencia se disiparía rápidamente pasando por un amplísimo y desorganizado
espectro de mutantes. Obviamente esta posibilidad es incompatible con los requerimientos funcionales de los productos virales: los centros activos de enzimas, los puntos de interacción de ARN viral con componentes celulares no admiten tal “difusión” de información.
En la realidad se da una situación intermedia entre las representadas por los extremos mencionados. Existe un amplio rango de tolerancias a mutaciones. Algunas
mutaciones casi neutrales serán
libremente aceptadas por los genomas virales
con mínimas consecuencias para su eficacia biológica.
Otras, en cambio, serán profundamente
desventajosas o incluso letales y se hallarán en muy baja proporción o ausentes en las poblaciones víricas. En otras palabras, las
distribuciones genómicas no son conjuntos
aleatorios de genomas sino que son conjuntos organizados. Obviamente, existe un elemento de azar en los mutantes que surgen en cada replicación. La influencia de este elemento aleatorio an la composición de las cuasiespecies será tanto mayor cuanto menor sea el tamaño poblacional replicativo que consideremos. Las
cuasiespecies víricas son
complejas distribuciones de genomas distintos aunque muy relacionados, que fluctúan de modo aparentemente muy difícil de predecir. La búsqueda de reglas, si las hubiese, que permitan anticipar, al menos en parte, el comportamiento de las cuasiespecies es un importante desafío que tiene planteada la virología poblacional.