El descubrimiento de la retrotranscriptasa rompió el esquema de la biología molecular según el cuál la información genética iba siempre en este sentido ADN-ARN-proteína.
Las retrotranscriptasas asociadas a ciertos virus tumorales, llamados retrovirus, catalizan el proceso ARN-ADN que es inverso al de la transcripción del ADN en ARN.
La mayoría de los retrovirus y otros elementos no patógenos se hallan asociados al cromosoma de células tanto de animales como de plantas, de manera que la retrotranscripción de ARN ha contribuido a modificar la composición del cromosoma celular. Se ha investigado que la información contenida en los cromosomas pudo derivarse de replicones autónomos como es el caso de los retrotransposones, los cuáles son elementos móviles que se desplazan de un sitio a otro del genoma, donde se sitúan aleatóriamente y pueden causar mutaciones e incrementar la variabilidad genética.

Las mutaciones inducidas por estos elementos no persistirían en genomas sometidos a selección natural. Sino que ocuparían un lugar en la parte oscura del genoma sin una función clara o, en todo caso, negativa.

Otros defienden que los elementos móviles actuarían como parásitos o partículas autónomas sin ninguna misión en el genoma donde se insertan, vendrían a ser formas de virus que se han adaptado a la vida intracelular, o bien formas degeneradas de virus que han perdido la capacidad de infectar nuevas células.

Este enriquecimiento de información hubiera sido posible mediante la retrotranscripción seguida de integración del ADN producto en el cromosoma.