La variabilidad es el fenómeno por el cuál los individuos que pertenecen a una misma especie, no son totalmente iguales, ya que dentro de la semejanza en que se encuentran, cada uno posee unos caracteres determinados y diferentes unos de otros.
Podemos encontrar dos tipos de variabilidad: Por un lado, se encuentra la continua, aquella en que las diferencias entre los indiciduos son pequeñas y graduales, de tal manera que permitan ordenarlos en una seria que va desde un valor máximo a uno mínimo.
Por otro lado, podemos encontrar la discontínua, aquella que se presenta bruscamente en alguno o algunos individuos, sin que existan intermedios que permitan establecer una gradación entre ellos. A este tipo de variabilidad pertenecen las mutaciones.
Así, de esta manera la mutabilidad del ADN se encuentra sujeta a notables variaciones a lo largo de la cadena cromosómica. Durante la generación de diversidad en el ADN que codifica inmunoglobulinas se producen procesos de hipermutabilidad de ADN durante los cuales las tasas de mutación son varias órdenes y no una única órden como debería de ser. Esto contribuye a aumentar notablemente la diversidad de proteínas que existen en el campo de lo inmune y como el sistema inmunológico tiene que dar respuestas a muchas agresiones externas, es imposible que pueda reconocer todos los agentes infecciosos que lo ataquen, por lo que un virus extraordinariamente vasto podría traspasar este sistema.