11- Infecciones líticas y persistentes

La interacción de un virus con su célula hospedadora puede tener dos resultados muy distintos. Una es la lisis o muerte celular con la liberación al medio de gran cantidad de virus. Estas son las infecciones líticas que se estudian frecuentemente en el laboratorio empleando cultivos celulares, y que en infecciones de animales o plantas suelen producir efectos citopáticos y síntomas agudos de enfermedad.
En cambio, en muchos casos el virus no causa la muerte celular sino que virus y células son capaces de convivir por períodos prolongados de tiempo, originándose un tipo de infección que se denomina persistente. Un mismo virus puede matar la célula o convivir con ella y los mecanismos que desencadenan una u otra decisión son poco conocidos. A veces la infección tiene una fase aguda seguida de otra fase de infección persistente. En el caso de los retrovirus, la integración en el cromosoma de la célula de una copia de ADN complementario al material genético viral ofrece la posibilidad de mantener el genoma viral en la célula en la que se duplicará con el resto del ADN cromosomal, sometido al dictado de loa procesos de división del cromosoma.
Para los virus ARN que no se integran en el ADN de la célula se han descrito otros mecanismos de persistencia. La producción y presencia de partículas defectivas, las cuáles son incapaces de completar un ciclo de replicación, a menos que sean complementadas por un virus completo, pueden ocasionar cierta modulación del ciclo de replicación viral limitando la muerte celular. El mismo efecto puede tener la dominancia de mutantes atenuados (debilitados por la presencia de mutaciones) del virus durante la infección. En algunos casos, el virus es capaz de bloquear el proceso de apoptosis (o muerte celular programada) permitiendo la supervivencia de la célula con el virus. Las infecciones persistentes son importantísimas en patología viral, pero a pesar de considerables esfuerzos de investigación, las bases bioquímicas por las que el virus evita la muerte de su hospedador son en gran parte desconocidas.
Desde el punto de vista evolutivo, la comparación de las alteraciones genéticas que sufre un virus durante su replicación en infecciones líticas y en infecciones persistentes tiene mucho interés ya que las condiciones ambientales y las restricciones selectivas en ambos tipos de infecciones son distintas. A nivel poblacional, una infección lítica o aguda es de curso rápido, y a menudo implica una gran multiplicación vírica en poco tiempo. Por el contrario, una infección persistente cursa lentamente y en ocasiones con una multiplicación vírica limitada o con eliminación de grandes cantidades de virus.
En cambio, en muchos casos el virus no causa la muerte celular sino que virus y células son capaces de convivir por períodos prolongados de tiempo, originándose un tipo de infección que se denomina persistente. Un mismo virus puede matar la célula o convivir con ella y los mecanismos que desencadenan una u otra decisión son poco conocidos. A veces la infección tiene una fase aguda seguida de otra fase de infección persistente. En el caso de los retrovirus, la integración en el cromosoma de la célula de una copia de ADN complementario al material genético viral ofrece la posibilidad de mantener el genoma viral en la célula en la que se duplicará con el resto del ADN cromosomal, sometido al dictado de loa procesos de división del cromosoma.
Para los virus ARN que no se integran en el ADN de la célula se han descrito otros mecanismos de persistencia. La producción y presencia de partículas defectivas, las cuáles son incapaces de completar un ciclo de replicación, a menos que sean complementadas por un virus completo, pueden ocasionar cierta modulación del ciclo de replicación viral limitando la muerte celular. El mismo efecto puede tener la dominancia de mutantes atenuados (debilitados por la presencia de mutaciones) del virus durante la infección. En algunos casos, el virus es capaz de bloquear el proceso de apoptosis (o muerte celular programada) permitiendo la supervivencia de la célula con el virus. Las infecciones persistentes son importantísimas en patología viral, pero a pesar de considerables esfuerzos de investigación, las bases bioquímicas por las que el virus evita la muerte de su hospedador son en gran parte desconocidas.
Desde el punto de vista evolutivo, la comparación de las alteraciones genéticas que sufre un virus durante su replicación en infecciones líticas y en infecciones persistentes tiene mucho interés ya que las condiciones ambientales y las restricciones selectivas en ambos tipos de infecciones son distintas. A nivel poblacional, una infección lítica o aguda es de curso rápido, y a menudo implica una gran multiplicación vírica en poco tiempo. Por el contrario, una infección persistente cursa lentamente y en ocasiones con una multiplicación vírica limitada o con eliminación de grandes cantidades de virus.

Javi dijo
Tu blog va cobrando interés según vas posteando
Sigue tía
S
11 Marzo 2006 | 01:02 PM