La variabilidad genética es fuente de adaptabilidad. Para organismos sexuales la consaguinidad conlleva pérdida de diversidad e incrementa las probabilidades de extinción. Modelos experimentales han documentado que poblaciones altamente consanguíneas son más susceptibles a estrés ambiental. Incluso una selección unidireccional fuerte, o procesos de deriva genética actuando sobre tamaños poblacionales pequeños, pueden disminuir la diversidad poblacional y conducir a la extinción. A estos procesos, que se conocen como erosión genética, los virus ARN oponen una maquinaria replicativa capaz de suministrar un amplio conjunto de variantes que agilizan las respuestas a cambios ambientales. Las cuasiespecies víricas parecen conjuntos de mutantes modestamente agazapados pero preparados para ser seleccionados en cuanto las circunstancias lo demanden.
La estrategia de supervivencia de los virus ARN yace en la permanente habilidad de crear diversidad.