23 - Estasis evolutiva

La comparación de velocidades de evolución para virus muy distintos indica que la mayoría de ellas se sitúa en el rango de 0´1 a 0´01 sustituciones fijadas en el ARN genómico por nucleótido y año. No obstante, algunos virus muestran velocidades de evolución algo más bajas. Así, el virus de la gripe que parasita muchas aves manifiesta “estasis” o quietud evolutiva frente al correspondiente virus humano que en general evoluciona rápidamente.
Otro caso interesante es el del virus de la encefalomielitis equina para el que se ha demostrado experimentalmente que la menor fijación de mutaciones durante la evolución natural del virus no se debe a menores frecuencias de mutante en las poblaciones sino probablemente a fuertes restricciones funcionales o a otros factores epidemiológicos difíciles de precisar.
Existen al menos dos parámetros importantes que pueden influir en la velocidad de evolución de un virus en la naturaleza. Uno es el número de rondas de replicación que sufre el material genético del virus por unidad de tiempo. Aunque el número de replicaciones de un virus in vivo es muy difícil de estimar, cabe la posibilidad que en ciertas situaciones pudiera replicar más lentamente o incluso “congelarse” en forma de partículas biológicamente inertes. Esta posibilidad no ha sido estudiada con suficiente detalle todavía. En el caso del virus de la fiebre aftosa, se han comprobado velocidades de evolución durante distintos tipos de infecciones experimentales y en el campo. Se observó una mayor fijación de mutaciones durante una infección persistente experimental durante epidemias naturales. Esta diferencia fue interpretada como un reflejo de la continua replicación viral durante la persistencia en animales y la intermitente ausencia de replicación durante brotes epidémicos.
El segundo parámetro es la perturbación del equilibrio poblacional ya sea por deriva genética o por selección. No importa cuál sean las tasas de mutación, en condiciones de equilibrio poblacional no existirá evolución a pesar de la continua generación de mutantes. Este hecho paradójico, que tiene su origen en la acción depuradora de la selección negativa, justifica la aseveración de que un virus ARN está “mutando hacia así mismo”.
Otro caso interesante es el del virus de la encefalomielitis equina para el que se ha demostrado experimentalmente que la menor fijación de mutaciones durante la evolución natural del virus no se debe a menores frecuencias de mutante en las poblaciones sino probablemente a fuertes restricciones funcionales o a otros factores epidemiológicos difíciles de precisar.
Existen al menos dos parámetros importantes que pueden influir en la velocidad de evolución de un virus en la naturaleza. Uno es el número de rondas de replicación que sufre el material genético del virus por unidad de tiempo. Aunque el número de replicaciones de un virus in vivo es muy difícil de estimar, cabe la posibilidad que en ciertas situaciones pudiera replicar más lentamente o incluso “congelarse” en forma de partículas biológicamente inertes. Esta posibilidad no ha sido estudiada con suficiente detalle todavía. En el caso del virus de la fiebre aftosa, se han comprobado velocidades de evolución durante distintos tipos de infecciones experimentales y en el campo. Se observó una mayor fijación de mutaciones durante una infección persistente experimental durante epidemias naturales. Esta diferencia fue interpretada como un reflejo de la continua replicación viral durante la persistencia en animales y la intermitente ausencia de replicación durante brotes epidémicos.
El segundo parámetro es la perturbación del equilibrio poblacional ya sea por deriva genética o por selección. No importa cuál sean las tasas de mutación, en condiciones de equilibrio poblacional no existirá evolución a pesar de la continua generación de mutantes. Este hecho paradójico, que tiene su origen en la acción depuradora de la selección negativa, justifica la aseveración de que un virus ARN está “mutando hacia así mismo”.
